La física del Raval (II) – Relato

diciembre 6th, 2011 § Dejar un comentario

Nos levantamos del bar. Ella estaba loca por ir a la carnicería a acusar al vendedor, pero la convencí de que me dejase vigilar durante unos días por si veía algo extraño. ¿Quién sabe? Obviamente la cabeza no era de Einstein, pero podría haber una cabeza. Nos acercamos y miramos disimuladamente por el cristal. Dentro, dos hombres hablaban con el carnicero, un árabe con el pelo blanco, profundas ojeras y bigote, vestido con una túnica verde.

Vivo cerca y cada día, durante una semana, pasé por delante de la carnicería sin ver nada extraño. Al siguiente lunes fui más temprano a trabajar y, por fin, resolví el misterio.

La carnicería era uno de los pocos sitios abiertos a esas horas. Como iba con tiempo me apoyé en la acera de enfrente. El carnicero preparaba los encargos del día. Cogía las piezas de carne, las decoraba con vegetales las envolvía cuidadosamente y las metia en bolsas etiquetadas. Una de esas piezas era un pollo entero, que empaquetó con dos montones de hojas de lechuga cortadas en juliana en las esquinas. De lejos parecía exactamente la cabeza de Einstein.

La tía colgada había confundido a Einstein con un pollo.

Einstein ha muerto – LA FÍSICA DEL RAVAL I

diciembre 5th, 2011 § Dejar un comentario

Lo que le dije no le sirvió para cambiar de tema y siguió adelante con su história. “Te juro que he visto a Einstein, aquí en el Raval. Lo vi de lejos pero
estoy segura de que era él.” Yo la miraba y no me la creía, pero hablaba con pasión, así que la dejé continuar. Me contaba cómo lo siguió por las callejuelas
sin atreverse a decirle nada: “Tenía su pelo, su bigote, sus ojos de sorpresa continua, todo, era Einstein, estoy segura.” Vino el camarero a retirar los
platos del segundo. Ella pidió un postre y yo pedí café.

Días después me llamó para vernos. Me pidió que nos encontrásemos en un bar de delante del mercado de Sant Antoni. Me extrañó.

En cuanto me vió lo soltó: “Creo que han matado a Einstein.” Yo me quedé callado y no supe decir nada. Ella agarraba la gran taza del café con leche con las
dos manos y me aguantaba la mirada con ojos convincentes. Llevaba guantes negros cortados por los dedos. Vestía un jersey negro muy grueso, sin chaqueta
encima. Su cuello era largo y lo adornaba un collar negro, de estilo africano, rojo como sus labios. Tenía la cara redonda, contorneada por los mechones de
pelo liso y castaño que salían de un gorro de color beige con un toque gris. “¿Eh… qué?”, contesté yo. “Sí, han matado a Einstein, vi su cabeza decapitada
en una carnicería de la Calle Sant Antoni Abat.”

II

agosto 29th, 2011 § Dejar un comentario

Priscilla y su hermano Omer siempre han dormido en la misma habitación desde que nació el chaval, hace ya 19 años. Nunca han tenido problemas de intimidad; aceptaron su situación desde pequeños. En casa no hay mucho dinero y tienen que seguir así hasta que encuentren a su pareja perfecta y puedan marcharse. Tienen horarios muy diferentes, así que no hay mucho problema: mientras Omer estudia sus temas para la universidad Priscilla se pone el pijama en el lavabo, se desmaquilla y se duerme, aún con la luz encendida. Los pijamas de Priscilla eran de su madre, todos largo y beiges sin dejar ver apenas un centímetro de piel.

Antes de dormirse ella mira a su hermano amorosamente. La diferencia de edad es grande, cuando él nació ella tenía 16 años. Lo ha visto crecer siendo consciente de los problemas a los que una persona debe enfrentarse en cada etapa de su vida y le ha ayudado en todo lo que ha podido. Ahora Omer estudia el segundo año de la carrera de Administración y Dirección de Empresas, le va bien y tiene una novia que también es Testigo de Jehová. La chica parece una buena mujer, es pura y sonriente y siempre mira a Omer con ojos de enamorada. La ha visto un par de veces por la calle, agarrada del brazo de su hermano amorosamente. Se llama Judith, un nombre que siempre le ha gustado.

Se acerca el sueño, a Priscilla se le cierran los ojos. Se gira en la cama dándole la espalda a Omer, que lee concentrado un dossier de apuntes de la carrera. Priscilla se queda dormida y un sueño extraño la invade. Está durmiendo en su habitación pero es de día. Omer y Judith están tumbados en la cama de al lado. El chico besa a su novia en la boca, pero no es un beso casto. Entre él y Judith se ve la pasión y el vicio que dominan otras relaciones entre jóvenes de su edad. Omer mete su mano por el escote de Judith y le toca los pechos, muy concentrado se recrea en cada detalle, ncada curvatura, en cada centímetro de piel que queda libre cuando se mancilla el interior de las camisetas. Se besan cada vez más fuerte y violento. Judith, al final, le abre la bragueta a Omer. Saca su polla, la agarra fuerte y se la ofrece a Priscilla. Ella, horrorizada,

GRITA…

pero no aparta la vista. Ve en sueños el enorme falo de su hermano y no puede apartar la vista.

Al despertarse se siente extraña, va al baño y llora delante del espejo. Ella también va a ir al infierno, al Seol, sepultura común de toda la humanidad.

I

agosto 21st, 2011 § Dejar un comentario

Priscilla recorre el camino desde el 120 del Paral·lel hasta la parada de Poble Sec cada mañana  a las 10:00. Bien vestida, nunca con mucha prisa, observa a la gente y reflexiona. Hoy se fija en

  • Una vieja en silla de ruedas que toma un café con hielo en un bar, sentada con otra vieja  con un collarín que bebe una Coca-Cola.
  • Un grupo de tres personas (dos hombres y una mujer) que caminan juntos. Los dos hombres van con las manos cruzadas en la espalda.
  • Una chica con un pañuelo rosa en la cabeza.
  • Un negro que pasa en bicicleta vestido con un pantalón corto. Le sudan las piernas, que brillan negrísimas al sol.
  • El dueño de un sabueso que le ladra al caballo que tira de un carruaje al otro lado de la calle.

Todos ellos morirán cuando el Reino de Diós se manifieste, matando a aquellos que no se comportan, que abrazan los vicios y el tambaleo de este siglo extraño que estamos viviendo.

Todos al Seol, sepultura común de toda la Humanidad.

Fumata blanca (III)

mayo 2nd, 2011 § Dejar un comentario

Después de la muerte del Papa el Colegio Cardenalicio se reune en el Vaticano y celebra un cónclave para elegir al nuevo Obispo de Roma. Cónclave, “cum clavis”, bajo llave. Cualquier comunicación con el exterior está prohibida.Al finalizar cada sesión de escrutinio (Dos votaciones) las papeletas de voto se queman en una estufa cuya chimenea acaba en el tejado de la Capilla Sixtina. Si no se ha tomado una decisión los papeles se queman con paja húmeda y se produce un humo negro. Si se ha elegido un candidato, los papeles se queman usando paja seca, lo que provoca un humo de color blanco. Esta es la señal que anuncia al mundo que un nuevo Papa ha sido elegido.

Delante de ella Coline se convulsionaba y se retorcía violentamente. Notaba su humedad salada en la lengua y al besar a la extranjera la compartió con ella. Coline se subió encima suyo, aún temblando. La miró a los ojos muy de cerca mientras le acariciaba las sienes y las mejillas, su cuerpo se balanceaba como una barca, adelante, atrás.

La intensidad de los besos fue subiendo, sus lenguas chocaban ruidosamente. Coline empezó a tocarla. Los besos comunes cesaron y se concentraron en la piel de nuestra protagonista, que se sentía como una estatua inacabada. Coline era la escultora y le estaba dando los últimos retoques. Primero, los tendones del cuello y la forma redondeada del lóbulo derecho. Después, la rugosidad de los pezones, la expresión extática en la cara. Finalmente, el espacio vacío y desesperado de entre sus piernas, que hizo aparecer el arte y lo dejó todo en penumbra.

Fumata blanca.

Fumata blanca (II)

abril 24th, 2011 § Dejar un comentario

Al levantarse de la siesta se vistió, cogió el carro y fue a hacer la compra. Era sábado y el supermercado estaba lleno. Metódicamente recorrió todos los pasillos para no olvidarse nada. No tenía prisa y pudo entretenerse comparando precios y cantidades. Al acabar esperó la cola, pagó con tarjeta y se marchó con el carro lleno.

En casa lo colocó todo y se sentó delante del ordenador para buscar recetas. Coline llegaba en dos horas y quería prepararle una buena cena.

Al final puso carne en el horno y la regó con una mezcla de vino blanco, mostaza, pimienta negra, cilantro y sal gorda. A fuego lento pasó de blanca a dorada y el olor fue ocupando cada espacio libre del aire de la cocina. Mientras se hacía se duchó, se maquilló levemente y se vistió.

Se sentía guapa esa noche. Llevaba el pelo suelto, los ojos perfilados y un vestido negro largo que le dejaba la espalda al aire. Coline le gustaba y quería gustarle a ella también. Las había presentado una amiga común en una fiesta. Coline había venido a pasar el último año de su carrera a España. Le dio morbo desde que empezaron a hablar. Durante la noche se encontraron varias veces pero siempre mantuvieron las distancias. Al despedirse, en un arrebato, Coline le pidió el número de teléfono, y justo al día siguiente la llamó para que cenasen juntas.

Y sonó el timbre. Se saludaron con dos besos y se acercaron a la mesa. Antes de sentarse, Coline cogió la botella de vino, la abrió y la sirvió. Luego, empezaron a comer.

Desde que ella llegó el tiempo pasó más deprisa. La cena fue tranquila y la conversación relajada. Entre ellas se desencadenaron corrientes de energía que fueron chocando  hasta confluir en un punto en el que se besaron, justo después del postre.

Me he comido el cerebro de Quim Monzó – Relato

abril 12th, 2011 § 1 comentario

I

Quiero comerme el cerebro de Quim Monzó. Buscarlo, encontrarlo, cogerlo y comérmelo. Tiene algo que escapa, algo que está mucho más lejos. Tiene eso que consigue que la gente se quede atrapada, eso que le da una ventaja ante todos los demás. Basta de comas y basta de comparaciones. Tiene lo que hay que tener y durante su vida ya ha recibido la admiración que se merecía. En muchos campos. En lo material y en lo inmaterial. Y quiero comerme el cerebro de Quim Monzó porque yo no tengo nada de eso. Y Quim Monzó si. “Comer cerebros” pongo en Google. Ningún consejo. Necesito guía, nunca pensé en maldades antes. Busco palabras que me den valor para llevar a cabo lo que he planeado. Segunda página de búsqueda, tercera. Pruebo “tribus que comen cerebros” y veo al principio un articulo sobre los korowai. Casi nadie en la tribu ha visto nunca a un blanco: Ellos no comen humanos, comen khakhuas, demonios asesinos. El cerebro es su bocado favorito. Quim Monzó tiene tourette pero me da igual que también se me contagie. Me dará lo que necesito. Voy a comerme el cerebro de Quim Monzó. Ostia ya.

II

Quim Monzó vive en Barcelona, igual que yo. Eso pone las cosas un poco más fáciles. Tengo a dos paradas de metro las oficinas de su editorial. Es sorprendente lo fácil que me es entrar allí con un poco de aplomo, pasando cualquier control con dos excusas tontas. Una vez en el interior llegar al contacto de Quim Monzó es muy sencillo. Le hablas a cualquiera con la mirada fija y con sinceridad y se acojonan. Me voy de allí para mi casa. Lo llamo. Oh, tu contacto me ha pasado tu número. Soy tal de una asociación cual y estamos pensando en montar en Madrid una exposición sobre tus relatos. Ok, bajo a Barcelona el martes, podríamos aprovechar para vernos y te explico a ver que te parece. Perfecto. Sí, sí, conozco la ciudad. Ok, señor Monzó, nos vemos allí. Khakhua tourette, Khakhua tourette, voy a comerme el cerebro de Quim Monzó. Mecagüenlaputa.

III

Lo preparo todo. No me voy a comer el cerebro de Quim Monzó en mi casa. Con algo de dinero que guardaba para un viaje alquilo un apartamento por dos semanas. Lejos. Me instalo allí y mi vida cambia un poco durante un tiempo. Todo está preparado. Me voy a comer el cerebro de Quim Monzó. Tengo a Quim Monzó sentado en la mesa de un bar cerca del apartamento. Algunos lo miran sabiendo que es famoso pero no se acuerdan de su nombre. No bebe café. Va bién vestido, todo de negro, el pelo algo alborotado. Quim Monzó no bebe café. Me siento con él y le pido disculpas por el retraso, aunque no haya llegado tarde. Hago el papel de hombre calmado que admira su obra y le pregunto algunos detalles sobre su forma de trabajar. Él parece contentísimo de hablar sobre sí mismo. Le invito a venir al apartamento con el pretexto de enseñarle algunos esbozos sobre la exposición que tengo guardados en mi ordenador. Él acepta, pido la cuenta y pago yo. Ya en mi casa parece que coge confianza. Saco un par de cervezas y unos ganchitos. Quim Monzó agarra su botella y ojea la estantería de los libros. Ninguno es mío. Parece muy interesado. Tienes una buena colección aquí. Oh sí. Khakhua Tourette Jack London, Khakhua Tourette Jack London. Me voy a comer el cerebro de Quim Monzó. Cojones.

IV

CEREBRO HUMANO AL ESTILO MEDITERRÁNEO

Para 1 persona

Necesitaremos

- Un cerebro humano cortado en trozos pequeños.

- 2 dientes de ajo.

- Media cebolla.

- Espinacas frescas.

- El jugo de medio limón.

- Brandy.

- Sal, perejil, pimienta y comino.

Sofreímos la cebolla bien cortadita junto con las espinacas. Cuando esté medio hecha añadimos el cerebro y los ajos y esperamos a que se doren para añadir el jugo del limón y el brandy al gusto. Bajamos el fuego y, con paciencia, esperamos a que se reduzca la mezcla. Para acabar añadimos el perejil, la pimienta y unos granitos de comino.

V

Quim Monzó lleva una hora inconsciente atado a una silla del salón de mi casa sustituta. Parece que duerme. Abre los ojos (tic, tic) y con cara de susto me pide un cigarro (tic). Se lo pongo en la boca lo enciendo y sigue asustado (tic). Voy a comerme tu cerebro Quim Monzó (tic, tic). Voy a abrir tu cráneo y después te sacaré el cerebro y me lo comeré (tic). Él fuma, (tic), no dice nada. (tic) Te admiro y por eso me voy a comer tu cerebro, Quim Monzó (tic), para poder ser como tu y como yo a la vez (tic). ¿No tienes nada que decir? (tic) Me decepcionas un poco, ostia (tic), pensaba que intentarías convencerme para que no lo hiciera. Lo tiro al suelo saco la sierra y empieza a gritar. (tic) Pensaba que iba a ser más difícil pero consigo abrir una brecha en su cráneo y empiezo a cortar. Sigue vivo, grita, se retuerce (tic, tic, tic). Todo está manchado de sangre. Quim Monzó muerto en el suelo de mi casa sustituta. Estiro de su cerebro y sale casi entero, corto las arterias que lo unen al cuerpo y recojo los trozos que he cortado sin querer. Quim Monzó muerto con los ojos abiertos, con la cara aplastada contra el suelo. Tengo que darme prisa, enciendo la sartén echo el aceite y espero a que se caliente. Me voy a comer el cerebro de Quim Monzó, coño ya.

y VI

Apuro el último trago de cerveza me acomodo en el sofá y enciendo un cigarro. Me he comido el cerebro de Quim Monzó y estoy a reventar. Un kilo y medio de carne con una textura realmente agradable. Seguro que en poco tiempo los síntomas se manifiestan y puedo empezar a comportarme como Quim Monzó se comporta, con su ingenio y su talento. Me lavo los dientes me visto y salgo a tomar algo para celebrarlo. Bien arreglado y seguro de mi mismo. Con un cubata me bastará, mi lengua irá sola, seguro que podré seducir a alguna mujer, tengo el cerebro de Quim Monzó en el cuerpo. Estoy en un pub lleno de jovencitas, todo el mundo baila, yo bailo. Se me acaba el cubata y hace calor y me pido otro. Me acerco a una y ni me mira, pero voy a deslumbrarla con mis palabras. Hablo y hablo y hablo y la piva ni me sonríe y se va con sus amigas. Mierda. Quim Monzó manifiéstate. Tengo sed, otro cubata. Con el punto me siento más seguro y vuelvo a probar. Nada, otra que se va. Bailo y ninguna me mira más que para comprobar mi insignificancia. Voy al baño y me enfrento al espejo. Tengo marcas de sudor en la camiseta, barriga, soy bajito, soy feo. Joder, me voy a mi casa. En mi casa sustituta Quim Monzó sigue muerto pero vivo en mí. Quim Monzó es escritor, joder, voy a contar mi noche. Escribo un relato sobre lo que ha pasado en el pub y me sale un truño. Ni sé hablar como él ni ligo ni sé escribir. Me he comido el cerebro de Quim Monzó y sigo siendo igual de mediocre, mecagüenlaputa.

Barcelona celular

abril 2nd, 2011 § Dejar un comentario

Fumata blanca (I)

diciembre 12th, 2010 § Dejar un comentario

Delante de ella el mar se convulsionaba y se retorcía. Las olas eran fugaces como puñetazos, aparecían y desaparecían. Se notaba en el ambiente cierta humedad salada que a través del olfato acababa convirtiéndose en sabor.

El agua agitada era el único signo del invierno. Hacía sol y la temperatura era agradable. Por la mañana vistió con ropa de abrigo que se fue quitando durante el paseo por los acantilados. Llevaba una camiseta azul de entretiempo y unos pantalones negros ajustados que le daban calor en las piernas.

Miró una roca plana y limpia como si la estuviera retando y se tumbó en ella con la satisfacción del niño que se mancha. El cielo estaba azul, sin una nube. Cerró los ojos y en la oscuridad se mantenía un punto de luz justo dónde estaba el sol. Su mente estaba desconectada; sentía, sólo, calidez en el cuerpo y humedad salada en la boca.

Pasaron cinco minutos y se levantó de un salto. Avanzó torpemente por las rocas hasta las escaleras que la separaban del paseo marítimo. Subió tranquilamente los 90 escalones, pasando la mano por la barandilla verde de aluminio. La calle estaba vacía, era hora de comer. Volvió a casa. Puso a cocer algo de pasta y se sentó delante de la tele a esperar.

En las noticias multitud de desconocidos lloraban y se cubrían la cara con las manos. El Papa había muerto y la pasta estaba lista. La escurrió y se sirvió en un plato hondo. Echó sal, pimienta, mostaza y un poco de queso parmesano rallado. Sentada en la mesa cambiaba de canal y en todos ponían lo mismo. Comía sin mirar el plato. Más desconocidos que lloraban encerrados en las enormes columnas de Piazza San Pietro. Las campanas de Roma doblaban por la muerte de su Obispo. Acabó con la pasta, cogió una manta y se sentó en el sofá a continuar con la tele.

Se quedó dormida.

Centro en diagonal – Fotos Barcelona (III)

noviembre 18th, 2010 § Dejar un comentario

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